Como escoger un zapato cómodo

Para realizar nuestra actividad cotidiana, sobre todo, si estamos acostumbrados a pasar mucho tiempo de pie o caminar bastante, es fundamental escoger un zapato cómodo.

Aunque sea imposible desvincular los zapatos de la moda, y se pueda lucir uno zapatos cómodos y bonitos al mismo tiempo, no perdamos de vista que la función de los zapatos no es sólo la de un accesorio que nos viste, sino que soportan todo el peso de nuestro cuerpo. Por eso es tan importante utilizar zapatos que no cansen, que se adapten a la forma de nuestro pie, soporten bien nuestro peso y nos permitan realizar las actividades diarias sin terminar el día con dolor de pies o de espalda.

Si eres de los que quieres un zapato para cada ocasión y te lo puedes permitir, elige los zapatos que mejor te acomoden. Un punto importantísimo en este sentido es tener en cuenta es el uso que le vamos a dar al calzado. Si la idea es practicar deporte, tenemos que optar por zapatos deportivos, los cuales están diseñados de manera específica para ello y cuentan con ciertas características como tener un buen soporte o permitir la transpiración, de forma que evitemos la humedad producto del sudor.

Si buscamos un calzado para practicar actividades al aire libre, nos basaremos en detalles como la ligereza, o que cuente con suela antideslizante para evitar que resbalemos. Si vamos a hacer montañismo o alpinismo, necesitaremos unas botas muy sofisticadas.

En cualquier caso, todos los zapatos deben presentar tres características principales: comodidad, funcionalidad y que permitan la correcta higiene. Y esto dependerá mucho de la calidad de los materiales. Si no atendemos a estas recomendaciones podemos desarrollar problemas de salud a corto y largo plazo, como dolor de pies y de espalda, y hasta juanetes.

Al escoger un zapato tenemos que pensar en aquel que pueda prevenir los problemas de salud que afectan a los pies. Como comentábamos antes, utilizar zapatos inadecuados puede provocar problemas serios, que además de ser muy dolorosos necesitan de métodos ortopédicos, o peor, cirugía.

Por otro lado, nos tenemos que fijar muchos en los materiales de los que están fabricados y que estos destaquen por tejidos transpirables que permiten que nuestros pies se ventilen de forma adecuada y no sude en el transcurso del día. Aunque en el mercado podemos encontrar zapatos sintéticos muy bonitos, que hasta parecen de piel de calidad, pueden provocar una sudoración excesiva, que además de dejar un mal olor permite la proliferación de bacterias. Opa siempre por materiales naturales. La piel o cuero son los mejores materiales que podemos encontrar para la elaboración de zapatos. Además de ligeros, son más flexibles que los materiales sintéticos y permiten que el pie se ventile de forma adecuada.

Otra señal de que no hemos elegido unos buenos zapatos es que éstos nos provoquen dolor, y no sólo en los pies, sino en las rodillas, articulaciones y la espalda. La elección de un buen calzado o malo afecta directamente a la postura. De hecho, muchos nos hemos acostumbrado a sentir un inmenso placer cada ve que llegamos a casa y nos quitamos los zapatos. Qué alivio sentimos, ¿verdad? Pues esto es una mala señal, ¡ningún buen zapato puede producirnos esa sensación de incomodidad!

Por otro lado, para evitar posibles rozaduras y deformidades, el calzado a comprar debe adaptarse perfectamente a la forma de nuestro pie, y no al revés. Y hay que saber que a todos no nos queda bien el mismo calzado. Nuestra compra debe amortiguar correctamente los impactos del pie contra el suelo o cualquier superficie y permitir que la pisada sea más suave.

Otra cuestión importantísima es la talla. A la hora de comprar unos zapatos nuevos, intenta probártelos en ambos pies, y de preferencia, con los calcetines con los que tienes pensado utilizarlos. ¿Y cómo saber si es nuestra talla? Los dedos nunca deben tocar la parte de arriba del zapato, es decir, la puntera. En cuanto a lo ancho, si en la parte que queda a la vista presenta pequeños bultos es porque el zapato aprieta demasiado. Ojo, ¡tampoco es conveniente que quede demasiado ancho! Nuestros pies no deben bailar dentro del zapatos, deben ir sujetos, de forma que los pies se sientan flexibles y ligeros. Los zapatos deben ajustar perfectamente a los pies con suavidad, sin que éstos queden ni flojos ni apretados. La mejor opción es un calzado que te dé la libertad de mover los dedos en su interior.

Por otro lado, asegúrate de que el talón queda estable en la parte trasera del zapato, evitando que se deslice hacia adelante, lo cual puede resultar un verdadero incordio. Y por supuesto, fíjate que el interior del calzado esté correctamente acabado para prevenir posibles problemas en la piel provocadas por las costuras.

Recuerda que cada cuerpo es muy distinto, y por lo tanto los pies también. Selecciona un calzado que se adapte a su forma. Por lo tanto, si tus pies son anchos en los dedos, te recomendamos los zapatos redondos o cuadrados. Si son más finos, puedes optar por los de punta.

Como todos sabemos, los tacones, sobre todo, sin son de aguja, pueden ser muy perjudiciales para tu espalda. Por lo que te recomendamos que los evites a toda costa.  No obstante, tampoco es bueno que la suela sea totalmente plana, unos pocos centímetros, que no deformen el empeine, le darán mayor estabilidad a tu columna. ¡Nunca más de 5 centímetros!

En la actualidad podemos encontrar una gran variedad de distintos zapatos cómodos y muy vistosos, desde tenis a zapatos bajos. No hace falta sacrificar la estética por la comodidad. ¡Luce los zapatos más bonitos brindándole la comodidad a tus pies la comodidad que merecen!

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